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Os três magritos (o la foto para Aristóbulo)



Muchas cosas quedarán sin reportar:
-la disonante historia del loquito que se presentó con un “Eu tenho medo, meu pai desapareceu”; miedo, miedo total,
-el breve pero adrenalínico intercambio de bienes en una favela de Rio,
-todo São Paulo,
-emotivos avistajes de monos, ardillas y tremendas tortugas marinas,
-el viaje procurado por la linda sacudida dantesca, en Praia do Sono, Paraty, recomendada por el improvisado guía Itu,
-el proceso bélico que padeció la carpa de Aristóbulo a lo largo de 34 días,
-la cantidad de veces que nos creyeron hermanos (“Los tres flaquitos”),
-todo lo relativo a extrañar y a no querer volver,
-extractos de las biografías no autorizadas de los protagonistas,
-y un más de cosas que jamás quedarán contenidas en documento alguno.

Abrazos y besos para mis amigos, todos ellos, todos nos.

Los amigos escriben 5



Si Brasil es coger, escojamos Brasil


Brasil afuera: Brasil es verde y es amarillo. El imaginario de una persona tipo dice que Brasil es paraíso. Brasil ES paraíso. Es playa, palmera y sol, olas y mujeres en bikini. Brasil es grande, todo lo tiene más grande o todo lo que quepa dentro del imaginario tipo. Brasil es soportablemente caluroso, desinhibidamente amigable.
Brasil adentro: Brasil es una marea negra rodeada de una marea azul. Es esa tibieza cálida que ingresa por los morros humedeciéndose hasta hacerse insoportable sudor. Brasil es negro de infinito, caos acostumbrado. Brasil es ahora, acá y allá.
Brasil afuera: violencia y carnaval, ritmo analfabeto, pobreza de exportación, norte-sur-este y oeste. Brasil es universo.
Brasil adentro: sangre africana. Es cerveza en la mañana, Brasil es peiji para toda la semana. Es misterio y soledad y profundidad y sonrisa. Solo su cáscara nos es dada a conocer. Sabemos que Brasil es dentadura blanca dentro de sonrisa negra. Es fetichismo enmascarado. Es esta iglesia obscena, aquel Dios prohibido. Es un fulgor de luz escondido en la oscuridad. Tal vez sea esta foto o tal vez sean todas las fotos.
Brasil afuera: Brasil habita en cada uno de nosotros de una manera insospechada, en el abismo de lo blanco que separa lo negro.
Brasil es careta. Brasil adentro, Brasil afuera; dentro y fuera, dentro y fuera, sexo constante.
Por ahí escuché que Brasil es futuro. Brasil es hoy, sin día siguiente.
Brasiiiiiiiiil, ta-ra-ra-ra-ra-ra-ra-ra, Brasiiil, Brasiiiil.
Cachete

Peixe que fala, por la coca muere



Te veo bien. Qué supernova mega yisus, cuánta espóntanamontana.
Calle grasosa si las hay: Av. Catete. Oh, sim, cara: Catechi.
Em Río, entre las cosas que estaban, hubieron dos blocos. El bloco (bloque) es un acontecimiento (para decirle en términos amplios) del precarnaval, o sea en enero, donde se reúnen formaciones musicales de samba -aunque parece que la percusión se lleva la movida-, y la gente va y baila y se toma birra y se fuman cosas y hay policía cerca pero no mirando hacia adentro, sino controlando la calle. Porque los blocos se hacen en la calle, en los distintos barrios. Cree el relator que todos los barrios tienen su bloco. O sea, una cuestión primariamente barrial. Los viajeros avistaron dos, separados por 30 minutos: el bloco de Laranjeiras y el bloco de Catete.
El primero estaba lleno de chabones y minitas, básicamente. Linda gente carioca. Bloco juvenil. Una mirada socioeconómica los ubicaría como los de arriba de la media.
El otro, el de Catete, era una cosa más de gente de calle, gente grande, mucho borracho y maluquito. Mas ‘de barrio’, remarcando la ‘r’: aunque allá sería la ‘j’: bajjjio. Pero no el juguito. Aunque Laranjeiras bien podría ser también un sabor de ese jugo, que no es de ese barrio, porque no es con ‘j’. Un barrio más del tipo neiborjud.
El lanchonete en el que están los visitantes es en Catete, la calle y el barrio. Lanchonete chino con china moza, salgado con carne de perro, coquita de vidrio, juguito artifiespantoso.

Chiste fácil



De a poco la cuestión higiénica se volvía insostenible. En la esquina del barrio se comenta que a esa altura del viaje lo más limpio eran las conciencias. Y hasta ahí nomás.
Si algo faltaba, era que San Pablo destruya las últimas cataduras de civilidad que le quedaban a la tropa.
Y así fue: sin piedad la lluvia y el tiempo fuera de casa eliminaron cualquier intento de rescate: pelo duro, ropa húmeda o semimojada y sucia, caras partidas, pelos mal afeitados, una media botella de ron acompañando los traslados: estos pibes están en cualquiera.
Ay, dios, qué queda por decir.

Los amigos escriben 4



Escuchando el silencio, al menos por un rato


Creo que Helena Ramos de Jesús vendía flores en la calle, o era ama de casa. Lo que sé, es que ella murió, y vos le sacaste una foto a su tumba. "Es Para Ty" – me dijiste - "y claro"- pensé yo- que todavía estaba esperando mi regalo. Entrar a un cementerio, sacar la cámara, mirar, buscar, encontrar y disparar. Muerte, polvo, cenizas, aire y sol. Mucho verde y mucha humedad: Brazil. Olor a mandioca, a tierra pesada, a plantas infinitas, hamburguesas y a que pronto la lluvia embestirá las calles. Sin embargo, detenerse justo allí – habiendo tanto – es como el darse cuenta de que es casi inevitable reflexionar acerca de mi hoy y de mi mañana y sobre algunas Helenas Ramos de Jesús. Puedo jugar a que mañana no voy a estar, y hacer de mi día el más bonito de todos.
Li

Los amigos escriben 3



Sin saber de dónde venían, ni cuánto tiempo tardaron en llegar hasta ahí; si eso era un destino, o un camino de paso hacia otra cosa, hacia un lugar también hermoso, pero que quizá no era ése sino otro que quedaba más allá ; sin saber nada, puedo pensarlos frenando y mirando ese espacio rosa, con montañas azules y nubes lilas. Agua tibia. Foto.
Pili

Los amigos escriben 2




Dialéctica en el orto, pero no necesariamente

Chocar y chocar y volver a chocar hasta que empieza quizás a importar más el volver que el chocar. Que todos los gestos sean tan distintos pero lleven a los mismos lugares, a los mismos amigos, a los mismos ojos y a los mismos oídos. Retomar la charla tras haber renunciado tantas veces a todo diálogo posible; hacer de esa renuncia la condición de nuevas conversaciones que ya no cargaran con las anteriores. Cruzar palabras por puentes rotos pero saber ver a la vez, y en un silencio que no necesita ser el mismo, a lo que las arrastra cuando caen sin llegar al otro lado. No pedir nunca nada. Hacer una intimidad no de lo que se sabe sino de lo que no debe ser preguntado. Encontrarse como si el encuentro fuese siempre un tercero. Impaciencia y tolerancia. Abrazo y no me rompas las pelotas.

Otto

Los amigos escriben



Nos dimos cuenta que estábamos absortos cuando empezamos por el final. Porque mirábamos cada uno hacia un final distinto: había suéter en verano, al lado del agua bendecida por los dioses tropicales y bañada de esta luz igual que nosotros. Yo leí esas páginas blancas y mantuve mi cabeza despejada. Y la piedra que nos soporta nos ha dejado a la deriva para siempre, quietos e iluminados en este escenario natural y artificial. Soy foto y soy piedra y soy agua y soy suéter, soy chica y soy chicos, soy libro y mirada perdida, soy verde y soy rosa. Soy foto y soy piedra.
Anónimo

Gostoso



Que una imagen valga más que mil palabras es una idea de mierda. El mercado lingüístico me la soba de lleno. Acá lo que importa es el peronismo de primera hora, la séptima temporada de los simpsons y todo el chavo, sobre todo los capítulos realizados dos o tres veces en épocas diferentes a partir del mismo guión.
Ese gran paisaje es en una Ecovilla, donde funciona Ipema, Instituto de Permacultura de la Mata Atlántica, en Ubatuba, cerca de Praia Dura y del Pico Corcovado. Tanto dato.
Esa pequeña persona es Rafaela, breve compañera de viaje que no aprendió a putear muy bien en español: “la conya delalora” (Otto dixit) fue su mejor intento.
Una imagen, menos de mil.

Último día del sol



-Oh, aquí es, llegamos a Fortaleza. Ten cuidado de no meter los pies en los ríos negros, angostos pero profundos como el universo. Los seres de este lugar son microscópicos, imperceptibles, mínimos, irrisorios de uno en uno, pero su agrupación caudalosa puede resultar en nuestro ocaso.
Recuerda la fórmula: pisa sin mirar, no pienses en llegar, no dudes, evita resbalar, no fijes la mirada.
Es el último día de los ríos negros, y hemos soportado con gallardía las embestidas de las tropas solares. Ya esta noche retornaremos al reino de lo plano: no más cavidades infinitas, no más ojos en llamas, no más.

-Qué cagada, man.

Supongamos que Otto escribió



“Desestimar al adversario, como forma de acción política, es como creer que se puede olvidar un amor desatendiendo los recuerdos. El enfrentamiento no es únicamente una conducta de guerrilla, sino el medio que moviliza al conjunto de la sociedad a posicionarse sobre un problema. El riesgo que corre es la polarización absoluta de los involucrados, que tan bien han sabido manejar los gobiernos de turno una y otra vez. Llevar las relaciones pasionales al plano amor/odio, es también desconocer la infinidad de caras que puede asumir el enfrentamiento amoroso”.

O bien:

“La concha de la lora, esta lluvia me tiene los huevos llenos. Encima no la clavo hace una bocha, y no se me ocurre mejor sandez que escribir sobre filosofía política. Me cago en estos jipis que no tienen un fuckin equipo de música para poner el disquito de Parker”.

Con toda la intención de especulación posible, usted ¿con cuál se quedaría?

Feliz cumple, Fer



Si supiera que en cada gatillazo se encuentra algo de esto que soy y que no puedo evitar que intente matarme al mostrarse, que me diga lo gris, húmedo y difuso que se vuelve la forma en que observo, las palabras que digo, las cosas que ni siquiera llego a hacer; que cada vez que enmarco me expongo a destruir mis intenciones y pasiones más vivaces, a decirme que no sé ser eso que pienso que soy; que cuando me dispongo a la tarea de crear no hago más que retrotraer mis movimientos a la nada, allá por el año cero; que nada de lo que espero es como lo espero: identificable, compañero, inteligible; que no sé diferenciar ya si las cosas tienen un orden dentro y fuera de la foto, y si tengo que ser prudente con mis ideas y motivaciones para llegar a algún lugar; que cuando revelo las fotos vuelvo a caer cada vez en la trampa de la similitud y lo otro, del cuerpo y la representación, lo que soy, lo que sé y saben de mí; si algo de eso supiera, podría terminar este párrafo con una frase re cool.

Lo del cumple, lo fue en la foto.

Notas de campo



Día 244.
Rio fue soltado por segunda y última vez.
4 de la mañana, Ubatuba, capital do surfe.
Ubatuba es una ciudad horrenda.
En medio del sueño el chofer anunció llegada: "Ubachuva".
Lluvia. Terminal cerrada. Único techo ocupado por un hombre de la calle.
5 de la mañana. Colectivo de línea hacia un “lugar recomendado” jamás encontrado en medio de la selva, a 40 minutos de la playa.
6 de la mañana. Camping/alojamiento. Lluvia. Habitación. Mosquitos (unos 156 mil).
Dormir.
2 de la tarde. Nubes. Marmitex.
6 de la tarde. Frente al cuarto una fila de 19 lavamanos, reforzada con 19 piletas para la ropa a sus espaldas. Dosis.

Botafogo + amigos





El barrio más lindo de Rio. Los amigos capos.

Dibujitos



Del movimiento hacia el movimiento, mediando la quietud. Un montón de dibujitos tomando el sol que calentaba a más de 40 grados. Esa quietud, que dura una eternidad en esta imagen, no existió. No existió en ese 'del movimiento (del colectivo) hacia el movimiento (del mar, de los bañistas, de los mirones)'. Como no existió el blanco y negro, ni los límites del cuadro.
Pero coexisten bella y eternamente ahora, permitiendo darle patadas a los recuerdos: sensación de aire acondicionado de transporte público amarillo, de velocidad y curvas, de color, colores.
El paso del tiempo y los recursos técnicos no perturban los recuerdos, más bien les abren nuevas vías.

Petrobras juega al tetris



Si alguien se preguntó hacia dónde se dirigían las miradas que no miraban la catedral, ahí está la cuadriculada respuesta.

Se supone de los paisajes




Rio no es más que la fecundación constante de estímulos producto del garche entre edificios violentos, playas terribles y morros marcianos. Las construcciones pueden caer desde el cielo o nacer desde el mismo infierno; las playas pueden estar pintadas o arrojadas precipitadamente como vómitos divinos; los morros alojan gente negra en una ciudad diseñada por y para la actividad blanca. Hay separaciones, choques, cruces y continuidades como en una excelsa orgía de monos en celo.
Rio es una ciudad empalagosa, inundada de sublime olor a mar, a fruta podrida, a basura orgánica, a transpiración, ocupada por ruidos que son música y son voces que gritan cuando hablan; está llena de chinos, de salgados, de sucos, de abacaxi, de hoteles.
Y Rio también tiene una catedral que tanto sabe de pirámides como de círculos, aunque las miradas momentáneamente se hagan las desentendidas.

Non titul



Durante la locomoción se pierde un poco de piel. La piel se vuelve el polvo. El polvo no es más que la acumulación de viejo movimiento sobre las cosas. Las cosas, todas, no son sino cementerios fugaces del movimiento.
La calma es para detener la muerte un poco.

Los personajes: Hunter Otto



El tejido puede ser un telón de fondo o la pared de su casa o una casualidad.
El caño puede ser para danzas clásicas, para descansar o para cruzar la imagen.
La ropa blanca puede ser para soportar el sol, para anticipar la paz en año nuevo o para resaltar el contraste con el paisaje humano de esas tierras.
La actitud es digna de quien posa anticipando el título de la foto, sin más.
 

Fe de erratas: El verdadero hombre que está solo y espera



Quien escribe escuchó las palabras ciberneteras de alguien completamente autorizado a hacer una sugerencia de este tipo, para así cambiar (mejor dicho: sumar al repertorio) la foto que había utilizado aquel título precozmente.

Ésta, la que ven ahora, debía ser la foto (era ésa la sugerencia) que llevara la referencia al poco leído Scalabrini. Lo que pasa es que la otra era más cool para los ojos del retratado.