Da náuseas
En una isla
En la última isla perdida del Pacífico
Toti Passman es entrevistado por un ex modelo en canal Metro o Magazine, en algún parador de la costa atlántica, casi de noche, con mar de fondo y un vino Valmont sobre la mesa playera blanca. Lo dejo porque escucho que está hablando de su cruce con Maradona en la conferencia de prensa acontecida luego del partido contra Uruguay, en octubre de 2009. Pasaron cuatro meses. De qué otras cosas hablará. Está serio, se muestra convencido y, debe creer, convincente. Dice que él quedó bien parado, que si hubiese quedado como un tarado (sic) se sentiría mal, pero está tranquilo porque en el momento supo mantener la cordura. Dice que sabía que Maradona lo iba a atacar ¿Y cómo te sentís?, pregunta el entrevistador, que, como yo, por lo visto, no sabía de qué otra cosa hablar con Passman. Feliz, muy bien, respondió el que más adentro la tiene en el mundo.
Tengo un nombre, un único cuerpo y, a partir de eso, suelo creer, una vida, una sola. Pero el tiempo bajo el sol en algunas reposeras ha removido de la arena de mi alma, otra vez, esa imposible o absurda o estúpida o única pregunta: ¿soy esto: un cuerpo con nombre? Porque a veces creo que un nombre y un cuerpo estallan en infinitos puntos que se pegotean en cada oído o mente o espíritu o abrazo de un supuesto otro, con una forma y una consistencia móvil, cambiante, y que allí me demuestran (o le demuestran al universo, dado que yo ya no sería un yo particular) que no existo como unidad ¿Esto que soy es algo único? Los puntos infinitos que forman pegotes distintos en cada uno de los que no son yo ¿no son acaso un modo o una parte de lo que soy? Las ideas y recuerdos que se tienen de mí ¿no son más parecidos a mi esencia que un cuerpo con nombre mirado desde adentro? ¿No soy, acaso, las posibilidades que surgen de todos los retazos e imágenes que el mundo tiene de mí? ¿No soy, acaso, todo aquello que no soy y que en su distancia me completa sólo porque sé que puede existir ahí afuera, en algún lugar, algún día? ¿No soy, acaso, lo que los otros saben de mí y que yo creo que no saben, los secretos que no he revelado pero que mis gestos publicitan sin pudor? ¿No soy, acaso, las miserias que con dedicación he derramado de a gotas en quienes me conocen, evitando vomitarlas en una ebriedad sin control de una vez y para siempre?
Aprendí dos cosas leyendo a Fogwill. Primero, que ‘mano chica’ se dice ‘manita’ y no ‘manito’. Segundo, que se putea ‘hijo de mil putas’ y no ‘hijo de mil puta’, porque eran mil las putas de las que sos hijo.
-Yo estoy bien, ¿entendés? Estoy bien porque estoy en armonía con mi espíritu, con lo que hago y con los que me rodean, ¿entendés? Yo estoy bien y todo lo demás son nimiedades, contingencias del universo; pero yo soy uno, entero y transparente, ¿entendés? Yo soy el universo, todos lo somos. Yo soy fuerte porque entendí, ¿entendés? Lo que pasa es que la gente no se da cuenta. Yo soy libre, soy libre, soy libre, ¿entendés? Pero la gente vive esclavizada a circunstancias temporales. Yo no uso reloj, ¿entendés? Hoy estamos, mañana no; lo que cuenta es asumir esa contingencia para ser libre para ser eterno, ¿entendés? ¿O no entendés?
-Chupala, seguila chupando.
Los futbolistas y los técnicos –aunque también los hinchas- en la comunicación oral breve y clara que precisan para optimizar el juego, como en cualquier deporte o actividad que precise de coordinación colectiva , se tiran frases como “por la línea” o “por la misma”, que remiten ambas a pasar la pelota o avanzar por los laterales del campo de juego en posición de ataque, “cambiá de frente” o “cambiala”, para sugerir que se pase la pelota al otro lateral, “te van” o "te llevan", para avisarle a un compañero que un rival se acerca a marcarlo desde atrás.
Los de Ghana también. Por suerte en las tribunas del partido jugado entre las selecciones (combinados) nacionales de Argentina y Ghana el miércoles por la noche, hubo un traductor del akan, lengua no oficial más hablada en el país africano. Nos comentó que las frases que usaban los jugadores ghaneses eran “por la margen del río” para decir nuestro “por la misma”, “rinoceronte en celo” para decir “te van” y “¡volverá Nkrumah!” para repudiar los fallos del trío arbitral considerados injustos o equivocados.